A los seis años su padre le hizo cantar El Chúcaro, la letra en la que Horacio Guarany -santafesino como papá- dibuja al gran bailarín Santiago Ayala. A los 8 empezó a estudiar con Valeria Lynch. A los 10 años, en 2002, llevó su voz a la televisión con Cantaniño y fue elegida entre dos mil chicos. La alumbró la luz de los estudios de TV y cantó en el teatro Gran Rex. Cuando tenía 15 empezó en el grupo de la Parroquia de Luis Guillón. Cantó pero, dice, sitió una cosquilla, una iluminación tal vez. Volvió a la música secular. Pero algo la llevaba siempre a la orilla de la fe. Sintió unos roces entre la vida artística y esa creencia ferviente.

“Tengo valores muy fuertes que empezaron a provocar algunas dificultades con la vida artística”, admite. Entonces recibió una señal: un productor y autor de canciones católicas la interesó en el tema. Dos años después estaba en Río de Janeiro cantándole al Papa Francisco en la Jornada de la Juventud.   

 
La meteórica vida de Athenas Venica, Athenas a secas, tiene una posta digital. Los primeros videos de sus canciones-alabanzas se distribuyeron a través de YouTube: uno sólo de ellos tiene un millón y medio de vistas en Internet y es a través de este medio que su nombre se volvió una referencia para los católicos del continente.  
 
Athenas vivió y se crió en Luis Guillón. Estudió en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, donde terminó el secundario. Ahora se mudó a la ciudad de Buenos Aires, pero la joven de 23 años tiene al Sur en el corazón porque desde este lugar elevó una voz celestial que la llevó a cantar en Brasil en 2013, en ocasión de la visita del Papa Francisco.
 
-¿Cómo es cantarle al Papa? 
-Más que al Papa era para toda la gente El Papa representa la iglesia pero la iglesia somos todos. Había gente de todo el mundo por eso los nervios me excedían el pensamiento. Y eso que no me pongo nerviosa nunca. Canté en el gran Rex cuando tenía 10 años, pero en Río de Janeiro temblaba de los nervios.
 
Ella hace canciones propias con la mecánica de casi todo artista: escribe las letras a partir de una melodía que aparece de la nada. Tal vez una palabra. O una música en el momento menos pensado y en el lugar menos cómodo. Con esa mecánica y con temas aportados por su productor, Athenas encabeza una explosión de la música católica en Latinoamérica.
 
“Cantar es un medio para la oración, porque esta música es un medio para rezar. Y también es una lucha para una porque estás al frente, te aplauden, te piden autógrafos y se quieren sacar fotos con vos. Pero uno sabe que es sólo un instrumento y que la gente no es espectadora, es protagonista”, dice.
 
“Viajo todo el tiempo”, resume. Es que acaba de llegar desde Colombia: Montería, Medellín, Bogotá. “Colombia es un país con mucha fe católica. Allá es normal hacer un evento de oración y van dos mil o tres mil personas”, narra. Y también por Perú.  
 
En sus influencias conviven Abel Pintos con Michael Jackson, una zamba con un rap, un rock con una salsa. Sabe que aunque el río de su canto llegue a cualquier orilla musical lo suyo es la música religiosa. “Uno reconoce que necesita de Jesús, que quiere aprender a amar de verdad”, sentencia. 
 
A los 23 años Athenas, la joven del Sur, lleva adelante esa sentencia de San Agustín que hiciera propia Atahualpa Yupanqui. “Cuando uno canta está rezando dos veces, a Dios y al pueblo”.