Por Noel Herszkowicz, especial para El Argentino Sur
 
Es un lunes por la tarde y en la estación de Banfield cientos de personas bajan del tren y caminan con paso urgente a sus casas. Hace mucho calor pero en la calesita de la plaza el tiempo se detiene y los rayos del sol perecen no molestar. Cuatro jóvenes trabajan concentrados. Algunos pintan los muñecos, otros cortan el pasto. O barren. Para ellos no hay horario, solo está el objetivo de revivir este corazón que no late: gira. 
 
Así, le dan los últimos retoques la calesita de Banfield que luego de una fuerte tormenta en 2013 fue derribada por un árbol: Gabriel, Maia, Martín y Fernando no sueltan sus herramientas porque quieren que este año la calesita vuelva a girar, después de nueve meses de trabajo y perseverancia. Todos los fines de semana se acercan vecinos a ayudar en lo que pueden. En los días de semana otros siguen la tarea. 
 
Desde la tormenta, dos años atrás, no recibieron la ayuda que correspondía del Municipio de Lomas. “Todo lo que hicimos fue gracias a las donaciones de los vecinos y al dinero recaudado con rifas y sorteos. Los muñecos quedaron hermosos, estamos orgullosos”, suelta Gabriel con una sonrisa de niño y algo de timidez. No quiere salir en la foto que esta cronista intentó hacerle. Agrega que los dos hijos de Carmen, la dueña, van a levantar el alambrado, también derribado en aquella tormenta. 
 
“Estudio bellas artes y cuando pasé por acá ví que los dibujos del centro de la calesita estaban sin pintar. Quise ayudar y acá estoy”, dice Maia, con la pintura fresca y un brillo en los ojos  con los que aplica la pincelada.  El motor de este trabajo voluntario son los recuerdos de la infancia, el sentimiento, el amor por el barrio y el valor que tienen aquellas pequeñas cosas, que en realidad son gigantes.
 
Gabriel comenta que la idea era hacer la fiesta de reapertura el 20 de diciembre, pero aún quedan pendientes varias cosas y la pospusieron para el domingo 27 a las 18. Después de tanta espera y perseverancia la reapertura tiene día y hora, y todos están invitados a ser parte. La calesita volverá a girar y dará sus vueltas con los chicos sentados en los muñecos; va a ser una fiesta, emotiva, melancólica y memorable, sobre todo para los adultos que pasaron parte de su infancia girando, subiendo y bajando. Y esperando, claro, agarrar la sortija.